RESEÑA
Frank Duff nació en Dublín, Irlanda, el 7 de junio de 1889. Entró en el Servicio Civil a la edad de 18 años. A los 24 años, se incorporó a la Sociedad de S. Vicente de Paúl, en la que fue llevado hacia un compromiso más profundo con su fe católica, y, al mismo tiempo, adquirió una gran sensibilidad en cuanto a las necesidades de los pobres y menesterosos.
Con un grupo de mujeres católicas y Fr. Miguel Toher, de la arquidiócesis de Dublín, formó el primer praesidium de la Legión de María el 7 de septiembre de 1921. Desde esa fecha hasta su muerte el 7 de noviembre de 1980, se ocupó de la extensión mundial de la Legión con heróica dedicación. Asistió al Concilio Vaticano II como observador seglar.
MISIÓN
La Legión de María es una asociación de católicos que, con la aprobación eclesiástica, han formado una Legión para servir a la Iglesia en su perpetua lucha contra el mundo y sus fuerzas nefastas, acaudillados por Aquella que es bella como la luna, brillante como el sol, y-para el Maligno y sus secuaces-terrible como un ejército en orden de batalla: María Inmaculada, medianera de todas las gracias.
“Como resultado de la caída, toda la vida humana, tanto individual como colectiva, se presenta como una lucha dramática entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas” (GS, 13).
Los Legionarios ansían hacerse dignos de su excelsa y celestial Reina , y lo intentan mediante su lealtad, sus virtudes y su valentía. Y se han organizado a modo de ejército, tomando como modelo particular a la Legión de la antigua Roma. La Legión de María ha hecho suya la terminología de la Legión romana, pero, a diferencia de ésta, ni sus huestes ni sus armas son de este mundo.
VISIÓN
La Legión de María tiene como fin la gloria de Dios por medio de la santificación personal de sus propios miembros mediante la oración y la colaboración activa bajo la dirección de la jerarquía- a la obra de la Iglesia y de María: aplastar la cabeza de la serpiente infernal y ensanchar las fronteras del reinado de Cristo.
Después de contar con la aprobación del Concilium, y dentro de los límites prescritos por el Manual Oficial de la legión, ésta se pone al servicio del obispo diocesano y del cura párroco, para cualquier obra social o de acción católica que, a juicio de dichas autoridades, pueda contribuir al bien de la Iglesia, y esté al alcance de los legionarios. Sin el consentimiento del párroco o del Ordinario, jamás emprenderán los legionarios ninguna de esas obras en una parroquia.